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El agua dulce es fundamental para la salud de los
ecosistemas, para el desarrollo sostenible y para la propia supervivencia de
los seres humanos. No obstante con gran frecuencia y en demasiados lugares,
el agua se desperdicia, se contamina y nadie piensa que pueda agotarse. En
todo el mundo, la contaminación, el consumo excesivo y la gestión incorrecta
del agua están disminuyendo tanto la cantidad como la calidad del agua
disponible. La agricultura, en particular, figura entre los mayores
infractores, llevándose la parte leonina de los recursos de agua dulce y,
sin embargo, con frecuencia se muestra ineficiente respecto de muchas de sus
prácticas habituales en materia de utilización del agua. La demanda general
de agua ya supera en gran medida el crecimiento demográfico. Si las
tendencias actuales siguen, dentro de dos de cada tres personas en nuestro
planeta se verán afectadas por una escasez de moderada a grave dentro de
poco más de dos decenios.
Abrumadoramente, son las personas pobres de los paúes en desarrollo las que
se ven afectadas en mayor grado. Son ellas las que carecen de acceso al agua
potable segura, las que con frecuencia pagan el precio más alto por el agua;
las que carecen de servicios de saneamiento apropiados; las que tienen menor
voz en la gestión de los recursos húricos. Y de entre ellas los niños -más
de 2 millones- son los que mueren cada año a causa de enfermedades
relacionadas con el agua. Se trata de una crisis social, económica,
ambiental y polú‘ica que debe figurar entre las principales prioridades de
la comunidad mundial.
En la Cumbre del Milenio, en 2000, y de nuevo en la Cumbre Mundial sobre el
Desarrollo Sostenible, celebrada el año pasado en Johannesburgo, los lúeres
mundiales reconocieron el carácter fundamental del agua dulce en el
desarrollo humano, y se comprometieron a asumir un programa preciso y de
plazo fijo para hacer frente a los problemas actuales y futuros en materia
de recursos húricos y servicios de saneamiento a nivel mundial. Este año,
el Año Internacional del Agua Dulce, debemos desplazarnos de las promesas a
la práctica, de los compromisos a los proyectos concretos, de las
intenciones a la ejecución.
Con frecuencia se dice que las crisis y escaseces del agua conducirán en
algún momento a conflictos armados. Pero no es menester que sea asE Los
problemas relacionados con el agua también han sido un elemento catalizador
para la cooperación entre los pueblos y las naciones. Los paúes que cuentan
con conocimientos especializados en materia de “irrigación por goteoEo la
gestión de las cuencas hidrológicas y las llanuras aluviales están
compartiendo esos conocimientos y tecnologú}s con otros paúes. Los
cientúƒicos, las autoridades locales, las organizaciones no gubernamentales,
las compañías privadas y las organizaciones internacionales están aunando
sus esfuerzos con la esperanza de lograr la muy necesaria “revolución azulE
y mejorar la gestión de este vital recurso. Sea cual fuere lo que divida a
la comunidad de los seres humanos, ya sea que vivamos aguas arriba o aguas
abajo, en ciudades o en zonas rurales, las cuestiones relacionadas con el
agua -el propio ciclo hidrológico mundial- nos deben vincular en un esfuerzo
común dirigido a protegerla y compartirla de manera equitativa, sostenible y
pacúƒica.
Las inversiones, polú‘icas y tecnologú}s necesarias para hacer frente
cabalmente a este desafúŒ están a nuestro alcance. Trabajemos ahora
conjuntamente para que nuestro planeta no carezca de agua en el futuro. |
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